¿Es malo el estrés?

¿Cuántas veces habéis compartido una dolencia o algo que os pasa con alguien de tu familia, amiga, compañera de trabajo o incluso médico y os han contestado: “¡Uy! Eso es estrés…” o  “no pasa nada hija, es que estás muy estresada…” o “eso es estrés, nos pasa a todas…”? Recuerdo que cuando estaba intentando quedarme embarazada el médico me llevaba en ese momento me decía que estaba todo bien, que era una histérica, que todo era estrés, que necesitaba relajarme… ¡Gracias a Dios, dejé de ir!

 

¿Pero qué es el estrés y es de verdad malo?

 

El estrés forma parte de nuestra vida desde el inicio de los tiempos. No solo estamos diseñados para hacer frente al estrés, sino que además debemos ser capaces de enfrentarnos a ese estrés de una manera sana y saludable. ¿Y eso qué es?

 

Imagínate que estás haciendo senderismo y en medio del camino de repente aparece un oso. En ese momento a través varios mecanismos de acción, tu cuerpo se pone en un estado de alerta o lo que se llama “lucha o huida”. Es decir, o te enfrentas al oso, o corres para esconderte o en su defecto te subes a un árbol (la gente que hace senderismo me imagino que tendrá ideas mejores que yo, pero son las que se me han ocurrido…). El hipotálamo, una área del cerebro con múltiples funciones en las que ya profundizaré, manda una señal a la glándula pituitaria o hipófisis, una glándula cerebral que en conjunto con el hipotálamo se encargan de regular distintos sistemas como el sistema endocrino y el sistema nervioso autónomo, informando de que estamos en esta situación de lucha o huida. La hipófisis a su vez manda una señal a las glándulas suprarrenales para que segreguen la hormona cortisol, la conocida hormona del estrés.

 

Esta hormona tiene varias funciones muy interesantes: Aumenta la sudoración, piensa en cómo cuando te pones nerviosa empiezas a sudar. Aumenta el azúcar en sangre para sacar energía, piensa que necesitas energía si vas a correr o a saltar para salvarte de ese oso. Aumentan tus palpitaciones, tu presión sanguínea, tu vista se hace más aguda y tus reflejos aumentan, ya que necesitas estar atenta para poder salvarte de ese oso. Es antiinflamatorio y analgésico. La verdad que el cortisol es una hormona muy chula.

 

Pero el cortisol también tiene otros efectos: ralentiza la digestión, ya que si vas a correr delante de un oso no necesitas sentarte a comer, el sistema inmune se ralentiza igualmente, ya que toda la energía se canaliza para que puedas correr o saltar, no para que luches contra una infección y tu sistema reproductivo se anula, ya que el cuerpo entra en un estado de supervivencia, no de reproducción. Cuando la amenaza termina y el oso desaparece, los niveles de cortisol vuelven a sus niveles normales y los demás procesos se reanudan.

 

Esto es lo que llamaríamos una respuesta saludable al estrés.

 

Si bien en los tiempos que vivimos ahora el hecho de que aparezca un oso en tu vida de repente no es algo común, sí que nos enfrentamos a situaciones de estrés en nuestro día a día. Sustituye el oso por un jefe que continuamente te demanda entregas que eran para ayer, una mala relación con tu hermana, con tu pareja, con tus padres o con un compañero de trabajo, la pérdida de un ser querido, un horario tan justo que no llegas a nada, un trabajo que nunca sale, una enfermedad, no llegar a fin de mes, preocupaciones por los hijos… Para tu sistema de alerta y gestión de estrés, todas estas situaciones son un iguales que el oso que os contaba y van a poner en marcha los mismos mecanismos de acción.

 

Principalmente podemos definir tres tipos de estrés:

  • Estrés emocional, situaciones que producen sentimientos de miedo, ansiedad, preocupación, percepciones negativas, sentimiento de no pertenencia, falta de autoestima, falta de propósito…
  • Estrés físico o biomecánico, como por ejemplo el producido por caídas, accidentes, fracturas, desgarros musculares, mala postura, compresión nerviosa, falta de ejercicio, o sobre ejercicio…
  • Estrés químico, bioquímico o funcional que puede venir del consumo de alimentos inflamatorios, aditivos, consumo excesivo de alcohol, drogas, tabaco o cafeína, medicamentos, radiación, EMF, exposición a químicos o metales pesados, polución medioambiental, infecciones, parásitos, virus, bacterias, uso excesivo de antibióticos, falta de sueño, alergias…

 

Si te paras a pensar un momento cuando la amenaza del oso desaparece, todo debería volver a la normalidad. Sin embargo en los tiempos que corren, nuestras amenazas, nuestras situaciones de estrés, se mantienen de manera continua en muchos casos. Y cuando ese estrés se mantiene en el tiempo, se convierte en crónico. ¿Y qué pasa cuando nuestro cuerpo está continuamente haciendo frente a esa situación de estrés? Pues que nuestro organismo llega un momento en que ya no es capaz de hacerlo frente y nuestra respuesta se vuelve cada vez más débil… y en ese momento es cuando empiezan a surgir la mayoría de los síntomas: cansancio, dolor, inflamación, alergias, dificultad para contentarse, dolores de cabeza, mareos, depresión, ansiedad, infecciones, insomnio, baja función tiroidea, baja libido, síndrome premenstrual, problemas menstruales, dificultad para quedarse embarazada o para mantener un embarazo, problemas digestivos, hinchazón, gases, estreñimiento o diarrea son entre otros los síntomas más comunes.  

 

Lo que nos lleva a la pregunta del título de mi post, ¿es malo el estrés? Mi respuesta es NO, para nada. No es malo, es incluso necesario. Pero debemos tener una buena respuesta al estrés. Y para eso debemos centrarnos en trabajar y mantener una buena salud de nuestro eje Hipotálamo – Hipófisis – Glándulas Suprarrenales (HPA Axis por su siglas en inglés).  

 

¿Y cómo hacemos esto?

 

Lo primero y fundamental es buscar e identificar la fuente o el origen del estrés, y trabajar sobre eso. Mucha gente me pregunta qué puede tomar para dormir mejor, o qué puede tomar para ir al baño todos los días, o si le puedo recomendar algo para tener más energía porque depende del café o la coca cola para poder llegar a todo… y mi respuesta es siempre la misma: trabajemos en identificar el por qué. Busquemos la causa de por qué no puedes dormir, de por qué no vas al baño, de por qué no tienes energía, y trabajemos en ella.  

 

Hay distintas estrategias para apoyar este eje y mejorar nuestra respuesta al estrés.

 

Un test que utilizo en mi consulta es el DUTCH Test (Dried Urine Test for Comprehensive Hormones) que nos da información completa sobre tus niveles hormonales. A través de estos resultados, correlacionando con tus síntomas específicos, tus circunstancias personales, emocionales y profesionales, desarrollaremos un protocolo basado en los cinco pilares de FDN: Dieta, Descanso, Ejercicio, Suplementación y Reducción de Estrés.

 

¿Quieres saber como el estrés juega un papel fundamental en tu fertilidad? Chequea mi post La Conexión Entre Estrés y Fertilidad

¿Estás perdida con toda la información nutricional y contradictoria que nos rodea?
¿No estás segura de si estás comiendo para apoyar tu fertilidad y no tienes ni idea de por dónde empezar?

Si nadie te había hablado del impacto que tienen la nutricion y el estilo de vida en nuestra salud hormonal y en nuestra fertilidad, estás en el lugar adecuado.

Te animo a que trabajemos juntas en cualquiera de los formatos que más se adapten a ti y a tus circunstancias y recorramos el camino de la mano.

No estás sola. Déjame acompañarte.

Beatriz Méndez del Río

Beatriz Méndez del Río

Terapeuta Nutricional y coach de salud y nutrición, especializada en Fertilidad Funcional y Salud Hormonal de la Mujer.

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Beatriz mendez del río blog

Hola, soy Beatriz

Tengo la misión de ayudar a mujeres que como tú, están perdidas en este viaje de la infertilidad, para ayudarte a buscar esa claridad que necesitas, encontrar esas piezas que nos faltan y encajar este puzzle tan desconcertante que es la infertilidad de una vez por todas.

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