Hoy voy a hacer algo que no he hecho hasta ahora aquí en el blog, y es compartir un caso contigo. Hay casos que te marcan, que me recuerdan por qué hago lo que hago, y por qué me siento tan afortunada y agradecida a cada mujer que pone su confianza en mí. El de B.H. es uno de ellos.
Cuando llegó a consulta, llevaba ya varios intentos de FIV a sus espaldas — todos fallidos. Le habían diagnosticado baja reserva ovárica, le habían dicho que sus posibilidades de quedarse embarazada de forma natural eran prácticamente nulas, y le habían recomendado seguir por la vía de la reproducción asistida sin plantearse demasiado otras opciones, incluso le habían llegado a plantear la potencial ovodonación.
Y ella, después de todo eso, decidió probar algo diferente. Decidió trabajar su fertilidad desde la raíz. y darle una oportunidad a ver qué otras opciones tenía antes de irse por esta vía. Y esto es fundamental, porque una cosa no descarta la otra. Parar y trabajar no descarta automáticamente la vía de la reproducción asistida, simplemente, la mejora.
Hoy su bebé está a punto de cumplir dos años.
El punto de partida: más allá del diagnóstico
Cuando B.H. llegó a mí, el cuadro que me presentaba iba mucho más allá de una AMH baja y una FSH elevada. Sí, la baja reserva ovárica estaba ahí — pero también estaban las digestiones pesadas, el reflujo constante, la hinchazón, la fatiga que no se iba con el descanso y un sueño que no reparaba. Y los ciclos menstruales,eran tremendamente irregulares.
Esto es algo que veo muy a menudo y que me parece fundamental entender: cuando el cuerpo está bajo un estrés fisiológico profundo, los marcadores reproductivos lo reflejan. La fertilidad se resiente. Tus ciclos menstruales responden en consecuencia. La baja reserva ovárica no siempre es una sentencia irreversible. Y desde luego no es un reflejo de tu capacidad de quedarte embarazada. A veces es una señal de que hay trabajo por hacer.
En su caso, había una disfunción clara en el eje intestino-hormonas — una relación que, si no conoces, te recomiendo mucho que explores, porque tiene muchísimo más impacto en la fertilidad femenina de lo que nos han contado. Aquí te cuento más: Fertilidad y salud intestinal.
Lo que hicimos: un enfoque desde la raíz
No hay protocolo mágico. No hay suplemento milagroso. Lo que hicimos con B.H. fue exactamente lo que hago con todas mis pacientes: entender qué estaba pasando en su cuerpo de forma individualizada y construir un plan desde ahí.
Nutrición funcional para la fertilidad: restaurar antes de optimizar
Lo primero era darle a su sistema digestivo el apoyo que necesitaba. Con digestiones tan comprometidas, de poco sirve comer bien si el cuerpo no puede absorber lo que le das. Así que empezamos por ahí.
Aumentamos la fibra prebiótica de forma progresiva hasta llegar a 35-40 g diarios, incorporamos entre 8 y 10 raciones de frutas y verduras antioxidantes al día, y ajustamos la proteína animal de calidad — incluyendo carne roja hasta 3 veces por semana, algo que muchas mujeres eliminan sin necesidad y que en contextos de baja reserva ovárica puede marcar una diferencia importante.
También trabajamos la regulación glucémica y la reducción de la inflamación silenciosa — ese tipo de inflamación que no duele pero que está ahí, comprometiendo la calidad ovárica sin que te des cuenta. Y algo que parece pequeño pero que tiene un impacto real: la alimentación consciente. Masticar despacio, comer sin pantallas, hacer pausas digestivas. Activar el sistema parasimpático es parte del tratamiento, no un complemento opcional. Este, de hecho, fue el trabajo más importante que realicé y el que más impacto tuvo.
Si quieres saber más sobre este enfoque: dieta profertilidad para apoyar la salud hormonal.
Estilo de vida: el contexto en el que todo lo demás ocurre
Incorporamos rutinas de ejercicio adaptadas a cada fase del ciclo — porque no es lo mismo mover el cuerpo en la fase folicular que en la lútea, y eso importa. Trabajamos la higiene del sueño, la exposición solar matutina y las estrategias para reducir el estrés fisiológico. No el estrés emocional del «relájate que así no te quedas embarazada» — que ya sé que es lo que más rabia da escuchar — sino el estrés fisiológico real que compromete el eje hormonal. Aquí te lo explico mejor: Estrés no emocional y fertilidad.
Suplementación individualizada: sin protocolo genérico
La suplementación de B.H. se diseñó a partir de una evaluación funcional personalizada — no de una lista estándar de «lo que se toma para la reserva ovárica.» Incluyó antioxidantes mitocondriales como CoQ10 y NAC para proteger y mejorar la calidad ovocitaria, apoyo hepático para optimizar la detoxificación estrogénica, y enzimas digestivas y probióticos específicos para seguir trabajando el eje intestinal.
Y fuimos revisando y ajustando a lo largo del proceso, porque un protocolo que no evoluciona con la paciente no es un protocolo que funcione. Los protocolos deben ser fluidos, adaptados a cómo vaya la mujer adaptando los cambios sugeridos… como digo yo, la magia ocurre en los seguimientos.
El resultado: lo que pasó a los seis meses
A los seis meses de trabajo conjunto, B.H. era otra persona. Las digestiones mejoraron de forma bestial pasando no solo a ser ligeras sino que dejo de tener gases, pinchazos y dolores, y comenzo a ir al bano de forma rutinaria y diaria. Sin dolor y sin esfuerzo. El reflujo, desaparecido. La energía, de vuelta. El sueño, reparador por fin. Los ciclos, regulares.
Y entonces tras unos meses así, llegó el positivo. Un embarazo natural. Sin FIV. Sin intervención de reproducción asistida.
Hoy su bebé está a punto de cumplir dos años, y yo sigo teniendo ese caso muy presente cada vez que una mujer llega a consulta con un diagnóstico de baja reserva ovárica y la sensación de que no hay nada más que hacer.
Porque este caso — y no es el único, ni mucho menos — me demuestra una y otra vez que incluso con diagnósticos complejos, incluso después de FIV fallidas, la fertilidad puede mejorar de forma significativa cuando se aborda desde la nutrición funcional, el estilo de vida y la suplementación personalizada. No siempre. No con todas las pacientes. Pero mucho más a menudo de lo que el sistema convencional nos hace creer.
¿Te identificas con la historia de B.H.?
Si llevas tiempo buscando, si tienes un diagnóstico que te pesa, si sientes que has probado muchas cosas y ninguna termina de funcionar — puede que lo que te falte sea este enfoque.
No te prometo milagros. Te prometo rigor, personalización y acompañamiento real.
Si quieres que lo veamos juntas, aquí te cuento cómo podemos trabajar. Puedes consultar la forma de trabajar en Mis programas, donde te cuento cómo puedes trabajar tu fertilidad desde la raíz.





